Había pasado más de un mes desde la patética forma en la que se me dijo que no hacía falta nada más de mí, que todo estaba dicho para ella y que apuntaba a una nueva dirección con su vida (aunque en varias ocasiones confesó que no sabia que carajo hacía con su día a día... hoy me decía lo contrario). Hablé mucho menos que ella (solo en esa ocasión) y pregunté ilusamente si confirmaba su decisión. Lo hizo. Nos despedimos. No volví a escribirle nunca. Como desde hace varios días, trabajaba arduamente toda la semana supervisando el negocio que sigo arrullando como a un recién nacido, fijándome en cada detalle que necesite una reparación y cuidado. Rodeado de trabajadores y herramientas me acerqué a la puerta del local, desafortunada sorpresa me llevé cuando por la calle la vi caminando hacia mí, parecía haber sido invocada de la nada, con violencia nuestras pupilas no solo se identificaron, se conectaron a lo largo de la calle y se imantaron, atrayendo sin permiso ni voluntad a nuest...