Se escucha un tono de llamada en espera. Alguien contesta:
-¿Aló?
-Hola, si.
-¿Señor Bayly?
-Si, si con él.
-¡Señor Bayly!, le habla Farly, me pidió que me lo llamara.
-¡Ohhhh!, ¡Farly!, que bueno que decidiste llamar, eres el muchachito cineasta ¿verdad?.
-Si Señor Bayly. -Pude escuchar pequeñas carcajadas del otro lado del parlante, era como si mientras habláramos pudiera ver la curva de su sonrisa y todos sus gestos de su rostro-.
-Farly. ¿Conoces el hotel Marriot? porque me dijiste que eras de provincia verdad?, ¿lo conoces?
-Si señor Bayly, soy Arequipeño. El hotel Marriot, ¡claro que lo conozco!, de hecho no estoy lejos -no sabía donde quedaba-.
-¡Maravilloso!, te espero aquí a las 9:00 de la noche, me gustaría conversar contigo, sé puntual que mañana debo volver a Miami.
Me quedé en silencio. No respondí nada, no pude hacerlo. Del otro lado del parlante pude escuchar una leve pero pícara carcajada y luego el sonido de quien cuelga una llamada, evidentemente era un teléfono de cable, un teléfono de hotel. Yo continué en línea, aún no podía creerlo, en seis horas tendría una reunión con Jaime Bayly. Parecía que todo había valido la pena; el hecho de venir desde Arequipa a la feria del libro, las seis horas de cola para la firma de la novela, el insostenible dolor lumbar que pasadas las dos horas de pie comenzó a ser una tortura y las rodillas tembleques por su puesto. Todo tenía sentido ahora y a su vez, no podía creer la forma de este nuevo sentido que había terminado de articularse ante mí, era irreal pero era verdad, absurdamente real, paradójico, ¿por que yo?, ¿le habré gustado?, ¿una mente sagaz en letras pero morbosa de deseos se habrá avivado a su edad con mi persona?, ¿debería sentirme orgulloso de ello?, ¿debería sentirme mal? ¡qué ganas de gritarlo!, ¡que ganas de matarme de risa! risa de locura y nervios, que repentinas ganas de sentirme vivo. Acostado sobre una sábana arrugada que llevaba destendida más de un día, me di cuenta que todavía mis lumbares no se habían repuesto, seguían fatigados. Mirando el techo del cuartillo donde residía estos días en barranco, sin ninguna intensión me acordé de el muchacho delante mío en la cola de la feria del libro horas antes, era un chico de Lima, bastante trabajador, un poco más grande que yo, entonces recordé una frase que dijo:
"Debe ser uno de los pocos, casi inexistentes sujetos que han logrado entender el Perú o a una parte de él, esa lista es minúscula; Alan García, Vargas Llosa, Cesar Hildebrandt, Vallejo y Jaime Bayly, creo yo"
-Si, y si no lo entienden creo que si quiera de verdad lo han intentado o lo han sufrido -acoté-.
La firma de la novela seria sólo para los 200 primeros asistentes, asomé la cabeza por un costado y empecé a contar, mi lugar era el número 35 y apenas eran las 3:00 de la tarde. Según el cronograma de actividades, la conferencia de Jaime empezaría en el auditorio "Blanca Varela" a las 6:00 de la noche, serían 45 minutos de conferencia y luego la firma de novelas (para la cola que formaba afuera y no asistió a la conferencia) que comenzaría a las 7:00 pm.
-¿Leíste la novela? -Volví a meter la cabeza en la fila, por un momento me había perdido en mis reflexiones-.
-Si, claro. -El muchacho de mi delante giró a penas para hablarme-. no me gustaría que Jaime la firmara sin haberla leído antes, mínimo espero hacerle un comentario. El muchacho guardó silencio mirando de lado, tenía su perfil al frente mío, no su rostro.
-¿Es tu primera vez en la feria?
-Si, viajé solo para conocer a Jaime.
-¿De donde eres? -Él mantenía todavía la mirada en la misma dirección, yo seguía viendo únicamente su perfil-.
-De Arequipa.
-¿De Arequipa? -volteó a verme recién, bajó y subió la mirada-. Pensé que eras de Miraflores o Barranco.
-¿En serio?.
-Tu forma de hablar... -Me quedé en silencio, preferí no añadir comentarios después del suyo-.
-¿Tú eres de aquí? -pregunté-.
-Si.
-Creo que yo me voy a mudar a Lima el siguiente año.
-¿En serio?, ¿por qué?. -Detecté rareza y decepción en las preguntas-.
-Se supone que esta es la ciudad de las oportunidades, es aquí donde "las cosas pasan", ¿verdad?. El muchacho se quedó en silencio.
-Otro provinciano que viene a Lima por oportunidades -dijo en tono jocoso, como si fuera un anciano experimentado, un longevo que escueleaba a un niño ingenuo-. -Guardé silencio-. siempre vienen aunque no sepan qué hacer, llegan a la "gran capital" en busca de golpes de suerte, pero la verdad es que solo encuentran el golpe ¿sabes?... ¿Cuál es tu nombre?.
El muchacho era de nariz ancha y tenía un bigote pobremente poblado por debajo de la nariz que parecía haber olvidado afeitar.
-Farly.
-Farly. Bueno, eso. No creas que en las ciudades de cielo gris pasan cosas, o que la suerte existe, uno debe trabajar durísimo e incluso eso no asegura nada, te lo digo como Limeño.
Eran las 8:00 de la noche, el nombre del muchacho era Miguel, no nos habíamos movido casi nada de nuestra posición, a penas un par de pasos, Miguel tenía mi edad y trabajaba en el centro de la ciudad, me contó que todos los días desde la puerta de su casa en el distrito de Comas debía hacer un viaje de una hora y media hasta su trabajo y estar ahí de lunes a viernes antes de las 8:00 de la mañana. Yo solo lo escuchaba, entonces comprendí el por qué del tono de sus comentarios en un inicio, y que aún tiempo después de extendida nuestra charla seguían manteniendo el mismo filo y dirección.
-¡Que avancen los veinte primeros!, -una voz rompió el bullicio de los impacientes-. Un hombre casi calvo y de gran altura empezó a contar a las veinte primeras personas, mientras otro habilitaba el paso y guiaba el primer grupo por delante.
-¡Por fin! -exclamó Miguel-. -Y yo coincidí con él-.
Ya era hora, habíamos esperado bastante, queríamos ver a Jaime, queríamos que nos firmara los libros que habíamos llevado. Más adelante, por la cantidad de gente en la feria, Miguel y yo nos separamos, nos perdimos en la ansiosa muchedumbre, en medio de roses y empujones, no pude volver a verle de nuevo, ni si quiera para despedirme.
***
Las llaves tintineaban desde el interior de mi bolsillo por la tosquedad de mis pasos. Cruzaba las calles por las esquinas sin fijarme en la luz de los semáforos, y en una ciudad como Lima donde de verdad la gente muere atropellada todos los días, acciones así se convierten en un juego mortal, casi predecible. Frente a la puerta de casa, con la mano izquierda en temblores, saco del bolsillo del pantalón mi juego de llaves. Me es muy difícil introducirlas en la cerradura, mi mano ha sido comprensiblemente poseída, totalmente domada por los nervios. Las llaves se me caen al suelo. La puerta es abierta desde dentro.
-Farly, ¿estás bien, huevón? - Cristóbal me mira enrarecido-. Yo sigo de cuclillas en el piso con la mirada gacha. -Toma agua causa, acá te pueden chorear si te mandas tieso en la calle a estas horas.
Me incorporo e ingreso sin responder su comentario, me dirijo a mi habitación. Me vacío los bolsillos sobre el escritorio, abro mi billetera y de un compartimiento secreto saco una pequeña tarjeta de papel texturado donde leo: "J4imitoBayly@gmail.com" y abajo más pequeño su número de teléfono.
-Jaime Bayly me acaba de dar su correo electrónico -escucho en mi cabeza-.
-Jaime Bayly, el niño terrible de la televisión Peruana me ha dado hace dos horas su correo electrónico personal -pronuncian mis labios-. Sostengo la tarjeta entre mis pulgares que tiemblan y la aprietan como si no fuera papel, aprieto la tarjeta como si tuviera la resistencia de una lámina de cobre en la que al retirar los dedos, quedarán dos hendiduras con mis huellas dactilares impregnadas para siempre. Tengo que escribirle -pensé-, tengo que redactar una carta para Jaime, y debe ser bastante prolija.
***
Ingreso al hotel Marriot, son las 8:55 de la noche, me acerco a una barra-recepción de mármol blanco donde me recibe un tipo alto, blanco y narizón, podría ser argentino o italiano.
-Buenas noches, tengo una cita con el señor Bayly a las 9:00 pm.
El narizón me ojea de pies a cabeza, toma un teléfono blanco a su costado, marca un par de botones que liberan pequeños soniditos de juguete y parece que alguien le contesta del otro lado de la línea.
-Señor Bayly buenas noches, disculpe la interrupción pero aquí hay un muchacho que dice que tiene una cita con usted.
El silencio se apodera de la recepción del Marriot de Lima, uno de los hoteles más importantes de la capital del Perú, cuya edificación está en pie desde los años cincuenta.
-¿Cual es tu nombre? -Me pregunta el narizón mientras con una mano taponea el micrófono del teléfono-.
-Farly.
El silencio vuelve a apoderarse de la recepción, mientras espero ruego que nada de esto haya sido una broma, según entendí Bayly debe volver a mañana a Miami, ¿en serio me recibiría?, el narizón de guantes blancos aún no me dice nada, me fijo en mi billetera para ver si cuento con dinero en efectivo, en Lima las distancias son otras, los precios de los taxis también. Si todo esto es una joda, si se me ocurrió como idiota ponerme camisa y venir al Marriot por creer que tenía una cita con Jaime Bayly espero que no me salga caro porque veo muy peligroso regresarme en combi a esta hora, sé que cuento con dinero en las tarjetas pero no sé cuanto me cobraría un taxi de aquí hasta Barranco, ¿habrá un cajero cerca para retirar plata? -pienso-.
-Puede pasar al salón -me dice el narizón y cuelga el teléfono- El señor Bayly bajará en un momento, me pidió que lo espere y si gusta puede pedir lo que quiera de la barra, si pregunta al barman le dará buenas recomendaciones.
-¿Por el pasillo?
-Si, por el pasillo a la derecha.
Camino por donde el narizón me indicó, en ambos lados puedo ver cuadros en las paredes que no me parecen pintorescos, luego ingreso al salón, todo el piso es verde jade y la barra del medio está rodeada de luces y bancas altas, casi todas las sillas del ambiente están vacías, veo algunas personas (calculo de procedencia extranjera) con auriculares en los oídos o celulares en las manos haciendo llamadas para disimular la soledad. Escojo una mesa casi en el centro y me siento. Veo una figura alta salir por la puerta del ascensor. Es él, con esos zapatos negros de borde grueso que se le ve en televisión y esos pantalones de tiro recto. Sin duda es él, se nota que los años han comenzado a pesarle, sin duda es fotogénico y ampliamente favorecido por las cámaras. Con un suéter que parece pijama y las carnes de su papada brincando a cada paso con el suelo. Claro que es él. ¡Qué alto!, ¡que grande sujeto!, debe medir más de un metro ochenta sin duda. La calma con la que se dirige a la mesa es envidiable, el barman se le queda viendo, lo reconoce porque es él obvio, ¿Quién en el Perú no lo va reconocer?, debe ser uno de los hombres más polémicos del país, el periodista peruano con mayor renombre internacional en toda la historia de esta triste tierra; Jaime Bayly.
-¡Mi amigo Farly!. Extiende su mano hacia mí, yo me levanto de la mesa inmediatamente.
-¡Señor Bayly!, es realmente un gusto.
-¿Pediste algo de la barra?
-No señor Bayly, no pedí nada.
Inmediatamente giró la cabeza e hizo una seña.
-Creo que hay que acercarse -le dije-. Gira la cabeza hacia mí y marca una media sonrisa. Fue increíble, pude ver cómo el barman tras ver su mano suspendida en el aire sin si quiera pensarlo abandonó su puesto, se transformó en mesero y se acercó a nosotros.
-Buenas noches, disculpe señor Bayly estamos ausentes de personal.
-Una botella de agua para mi por favor. ¿Y para mí amigo?
-Agua también.
-¡Por favor hombre!, eres un muchacho joven, pídete un trago.
-Bueno, un cuba libre entonces.
- ¡Claro que si!, eso suena mejor... ¿Por cuba o por la libertad?
-Por ambas -respondí confundido-. Bayly dejó escapar una carcajada.
-Eso sería todo, muchas gracias. El hombre se retiró y volvió a su barra.
-Así que Farly ¿verdad?.
-Si señor Bayly.
-Cuéntame de ti, tú estudiaste cine en Buenos Aires entonces?
-Si señor, hice cinco años de estudios cinematográficos a nivel universitario.
- Que admirable, sobre todo porque el cine no es una vocación peculiar.
-Sin duda, siempre la gente me ha mirado como a loco por mis elecciones.
-Asumo que no fue la primera opción de tu lista Farly.
-Si lo fue -lo interrumpí-. Se quedó callado.
-Desde que tengo trece años sabia que quería estudiar cine señor Bayly.
-Que fortuna la tuya, tener con certeza a tan temprana edad en qué dedicar tu tiempo de estudio, déjame confesarte que me genera un poco de envidia que siempre hayas sabido que querías ser un director de cine.
-Yo no quiero ser director señor Bayly, yo quiero ser escritor y guionista pero escritor a fin de cuentas.
- ¡Maravillosa sorpresa!, pero ¿por que estudiaste cine ?
- Era la forma mas próxima que vi en ese entonces de aprender a cómo contar una historia.
-Ya veo... y bueno, ¿sabes contar una historia entonces?
-No. Pero estoy en proceso.
Bajo la mirada, su reloj me ha robado toda la atención, es increíble, es absolutamente mecánico, tiene piezas que puedo ver desde mi posición cómo se mueven para ejecutar el desplazamiento de las manecillas, ¿costará más de 20 mil dólares?.
-Y ¿sientes que la universidad te ha ayudado con eso?
- Si le soy abiertamente franco para nada señor Bayly, la universidad me ha dado diferentes conocimientos pero no me ha enseñado a contar una historia, tal vez podría decir que sé analizarlas.
-Claro que no amigo, eso es porque nadie nos puede enseñar a escribir-. Pude ver que su semblante se entristeció un poco, tal vez advirtió en mi una pequeña desilusión.
-Pero bueno, cambiando de tema; ¿Sabes que se hará una serie de mi última novela ?
-¿De los genios?, No tenía idea señor Bayly.
-Si, será producida por Netflix y se estrenará el 2025 para toda Iberoamérica.
-Eso suena realmente increíble, lo felicito. A mi me encantó la novela.
- ¡Ah!, ¿la leíste?.
-¡Claro que si!, no pensaba de ninguna manera recibir su firma sin haberla terminado primero.
Se acercó por un costado de la mesa un camarero que ya no era el tipo de la barra y colocó mi trago y una botella de agua sobre la mesa.
-¿Y te gustó?
-¡Claro que si!, fue como dar un paseo; me reí, también me frustré pero la disfruté bastante, es tentador jugar con la idea que esas cosas pudieron pasar de verdad.
-Me alegro, es bueno escuchar eso. Y por favor no me llames más "señor", lo detesto. Hay dos cosas que odio, la primera cuando la gente me llama señor, no sé de donde sacan tantos años encima mío, lo detesto, y la segunda, que creo odiar tanto como la primera cuando me preguntan: "¿en que momento se jodió el Perú?".
Me quedé totalmente en silencio.
-¡Pero que se yo!, ¡no tengo idea!, ¿por qué me preguntan eso?, ¡el Perú lleva jodido mucho tiempo!. Acalorado, Bayly abrió la botella de agua y se llevó un poderoso trago a la boca, parecía sentirse incómodo mostrando su repentino estado de alteración.
Yo continué en absoluto silencio, la verdad pensaba preguntarle lo mismo, que bueno que no lo hice, el tipo debe estar verdaderamente cansado que le hagan esa clase de preguntas. Pero no todas las noches tienes la oportunidad de conversar con Jaime Bayly así que me le fui encima, sin importar si se molestaba o si se incomodaba, ¿Qué de malo podría pasar?. El continuaba tomando agua con ardiente sed del pico de la botella.
-Jaime, ¿es cierto que Isabel Preysler le sopló el culo a Vargas Llosa en una playa?.
Bayly dejó de tomar agua, empezó a toser, sujetó una servilleta de la mesa y trató de secarse los labios y nariz por donde se habían escapado algunos rezagos del liquido.
-¿Tú estas loco?, ¿Qué clase de pregunta es esa?.
-El tipo de pregunta que harías tú Jaime-. Sonreí. Bayly empezó a reírse, los ojos se le achinaron y su sonrisa se hizo grande y confianzuda.
-Tienes razón pero no voy a poder responderte eso Farly, discúlpame pero no puedo, costó mucho averiguarlo, pagué un precio muuuuuy alto... y ese tipo de respuestas, que son a mi mejor ver, verdaderamente regalos que uno esconde en la literatura no se consiguen así, de forma tan sencilla.
-Tiene sentido Jaime, disculpa pero no planeaba seguir mordiéndome los labios, tenia que tomar la oportunidad.
-Si ¡ y la tomaste bien!, a veces hay cosas que uno se debe sacar. Así, sin mas. Sobre todo con aquello que verdaderamente quieres saber, uno por cuenta propia debe descubrir que; si para saber lo que verdaderamente quiere, está dispuesto a pagar el precio o el sacrificio que ese saber conlleva.
-Todo tiene un precio.
-Exactamente, todo tiene un precio. ¡Mi primer matrimonio por ejemplo! lo pagué a cambio de mi primera novela, lo entregué a cambio de mi éxito como escritor. ¿la leíste Farly?, tal vez eras muy pequeño.
-¡Claro que si Jaime!, ¡es una maravillosa novela! -no la había leído-.
-Muchas gracias joven amigo. Años atrás tuve que tomar esa difícil decisión para estar hoy aquí, y me encuentro feliz ¿sabes?, ahora tengo una hermosa y joven esposa que me espera mañana en Miami junto a Zoe, mi hija.
-Es bueno escuchar eso Jaime, la verdad que no solo eres autor de ingeniosas ficciones, sino también de una vida a la que has sabido buscarle revancha e incluso sacarle el jugo, ¡tu vida podría ser una gran novela Jaime!.
Bayly se rió nuevamente, yo sin haber prestado atención iba casi en el fondo del vaso de mi cuba libre y a él prácticamente no le quedaba agua.
-Jaime, no quiero ser descortés
-No podrías. -me interrumpió-.
-Quisiera preguntarte por qué me citaste aquí, hoy.
-Quiero que formes parte de la producción Farly.
-¿Cómo?, no entiendo.
-Quiero que estés en la producción de los genios para Netflix.
Una vez más me quedé mudo, totalmente rígido en mi asiento.
-¿Por eso me pediste que te enviara mis cortometrajes?
-Si, pero no me gustaron para nada. Tienes mucho por aprender y mejorar.
No sabía si lo decía en serio, si me comentaba estas cosas en broma, no sabía si sentirme agradecido, humillado o confundido.
-Eres muy joven aún, pero tienes aplomo. Eso es destacable, no te achicas.
-Gracias Jaime.
-Y hay una razón más, hoy en la feria me confesaste que estabas escribiendo una serie sobre mi vida ¿te acuerdas?.
-Si. Claro.
-¿Es eso cierto?
-Si, es cierto. De hecho ¡ya tengo el nombre!.
-¡No quiero saberlo! -me interrumpió- Entenderás que no te voy a tirar flores, de hecho cualquier artista que te tire flores fácilmente, ¡no le creas!, sobre todo si son escritores, los agradecimientos vienen siempre de gente común; tu papá, tus hermanos, etc. Como de los artistas son siempre las "chupadas de huevos" y yo no chupo huevos Farly.
No sabía que responderle.
-O si quiera ya no.
Sus ojos se achinaron nuevamente y su sonrisa se entendió en su rostro una vez más.
-Si eso de la serie es cierto me estimula bastante la idea de ayudar, aportar con mi humilde granito de arena a la formación del cineasta que retratará mi vida, eso y además que te pareces a un novio argentino que tuve en mi juventud, te pido por favor que no te asustes Farly.
-Para nada Jaime, muchas gracias, no se como agradecerte esto, pero ¿Qué voy a hacer en la producción de tu serie?, ¿de qué roll quieres que me encargue?, ¿Qué es lo que me tengo que preparar?.
-No te preocupes de eso, lo que debes sentir ahora es mucha felicidad y predisposición creo yo.
Quedaban pocas personas en el salón del Marriot, poco a poco a lo largo de nuestra conversación, los pocos solitarios que vi a mi ingreso se habían retirado hace bastante.
-¿A que hora sale su vuelo Jaime?
Nada era un sueño, habíamos estado sentados en esa mesa conversando casi dos horas.
-A las 6:00 de la mañana, pero yo soy un ser nocturno Farly, no planeo dormir.
Las bocinas de los autos aledaños a la avenida habían dejado de escucharse hace buen rato.
-¿Planeas escribir hasta que salga el sol?.
Una mirada cómplice entre Bayly y el mesero indican la orden de la cuenta para la mesa.
-Es lo más probable amigo, hay que aprovechar el silencio de la noche, sobre todo en Lima que es casi imposible.
El mesero se acerca a la mesa "La casa invita, Jaime Bayly no paga cuentas en el Hotel Marriot".
-Le agradezco mucho la gentileza.
Bayly saca de uno de sus bolsillo un billete de cien soles y se lo entrega al camarero.
-Muchas gracias por el Cuba libre Jaime, y también por esta noche y la invitación, todo esto parece un sueño.
-No tienes de qué preocuparte amigo, ¿Cómo regresarás a casa?, ¿estás cerca?
Ambos nos levantamos de la mesa y caminamos por el pasillo.
-Esperaré un taxi aquí Jaime, no te preocupes.
Bayly se dirige hacia el ascensor y en el camino sin verme me habla.
-Tienes mi correo amigo, puedes escribirme para lo que necesites.
Bayly ingresa al ascensor, se da vuelta y me levanta la mano en señal de despedida. Yo hago lo mismo. Las puertas del ascensor se cierran, yo me acerco a la recepción del hotel nuevamente, aún se encuentra el mismo narizón.
-Disculpa, ¿me podrías llamar un taxi por favor?.
-Si claro, aguarde un momento.
Me siento en un pequeño sofá de la recepción, estoy pensando qué será lo primero que le contaré a mis padres o a mis amigos, esto que me acaba de suceder no tiene ningún sentido posible, ¿Cuándo empezará el rodaje, tendré que ayudar también en la preproducción?. Parece que por el momento tengo muchas cosas en las qué pensar, lo mejor será dormir bien, me sobran algunos días en Lima, los quiero disfrutar, amo barranco, me encanta barranco, es lo más parecido a Buenos Aires que encuentro, podría vivir algún día por aquí.
-Disculpe. -me habló el narizón-. Me acerco al mostrador nuevamente. -Me indican que no tenemos unidades disponibles.
-No se preocupe, pediré un Uber. Me despido del recepcionista, doy vuelta y camino hacia la puerta de entrada cuando escucho que suena el teléfono de la recepción otra vez.
-¿Hola?, si. Ok, entiendo. ¡Joven!, ¡joven!.
Me doy vuelta inmediatamente. El narizón me pide con un gesto de mano que me acerque mientras con su hombro y quijada sujeta aún el teléfono de cable.
-Si, dígame.
Estamos casi al frente, únicamente divididos por el mostrador. El hombre cuelga el teléfono, abre un cajón, saca un pedazo de papel, sujeta una lapicera y escribe en la pequeña hoja. Desliza sobre el mostrador el misterioso mensaje, yo no entiendo nada, sujeto el papel con la mano izquierda, a un costado de mi pulgar puedo leer, logro identificar: Suit. N°2. Levanto la mirada confundido hacia el narizón, este me está viendo fijamente también, no nos decimos nada, frente a frente la suya ya no parece una nariz tan grande, su alarmante característica facial desde esta nueva perspectiva ha desaparecido o tal vez me habré acostumbrado, no lo sé, ahora parece una nariz normal, sin nada de Argentino, sin nada de Italiano, solo una nariz.
Tal vez todo en la vida cambia cuando lo vuelves a ver.
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